martes, 12 de septiembre de 2017

Gran Canaria ante el Día Mundial del Turismo

Inauguración del monumento del cincuentenario.

Hace cinco años, por estas fechas, celebramos en Gran Canaria el Día Mundial del Turismo con la presencia del Secretario General de la Organización Mundial del Turismo, Taleb Rifai, quien por primera vez visitaba el Archipiélago. Días después conmemoramos el 50 aniversario de la ciudad turística Maspalomas Costa Canaria. Ambos acontecimientos promovieron el reconocimiento del turismo como principal factor para lo bueno y lo no tan bueno que ha vivido –y cambiado- la isla en este medio siglo. Un debate permanente y obligado.

Gracias a estas dos celebraciones se movilizó un gran número de personas con los que pude profundizar -como Comisario del cincuentenario- en el conocimiento de lo que sucedió en el sector desde perspectivas muy dispares de lo acontecido y de lo que no sucedió, cómo lo hicieron y cómo lo vivieron. Pero más interesante aún fue averiguar las impresiones de sus protagonistas tras una 'aventura' que lo transformó todo en la isla. Como ejemplo, cabe destacar que los ingresos por licencia de obras en San Bartolomé de Tirajana pasaron de 332 pesetas en 1957 a 434.466 pesetas en 1966. En ese año, existían en el municipio 1826 camas turísticas. En apenas 12 años Maspalomas  recibía más turistas que Las Palmas de Gran Canaria, y hoy posee 91.000 camas hoteleras y extra hoteleras, el 70% de las existentes en la isla.

No voy a repetir aquí el listado de personalidades, personajes y personas que han sido o son actores en esta historia, ni el inventario de realizaciones, ni cómo se produjo la rápida transición de la sociedad agrícola a la de servicios en nuestra isla (para todo eso ver numerosos artículos en mi blog 'Islas bienaventuradas'). Tan sólo pretendo reflejar lo vivido hace cinco años y, sobre todo, el impacto que originó una movilización de la sociedad canaria por el turismo que produjo -sin saber el alcance real- la mayor promoción de Maspalomas Costa Canaria desde la convocatoria del concurso internacional de ideas cincuenta años antes.

Todo fue posible gracias a la receptividad e implicación por parte del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana para poner en marcha estos eventos, casi sin tiempo y ante la incredulidad –o falta de interés- de las demás instituciones y de la mayoría del empresariado tan poco dado a la participación más allá de sus obligaciones tributarias. Aún así, algunas empresas se comprometieron (ahí están las hemerotecas donde aparecen los patrocinios) junto a figuras relevantes de la sociedad civil que colaboraron activamente y gracias a los/as cuales se pudo realizar múltiples y variadas acciones. También hay varias realizaciones que lo recordarán: el monumento de la ‘estaca’ ideada por el arquitecto Manuel de la Peña para que el conde de la Vega Grande diera inicio a la urbanización. O el Foro Internacional de Turismo y la red de municipios turísticos españoles (aunque en un principio se planteó que fuera atlántica, pero todo se andará).

Construcción de Las Olas y Las Arenas.

No se pudo realizar el museo o centro de interpretación del turismo como fenómeno global, con el protagonismo histórico de estas islas en la actividad turística en el mundo y con el objeto de hacer pedagogía sobre la actividad turística con sus aspectos positivos y negativos. La propuesta fue el Faro de Maspalomas, aunque lo ideal habría sido el edificio de La Rotonda, la primera construcción de Manuel de la Peña por encargo del Conde para el turismo, que fuera demolido sin tener en cuenta su valor histórico y arquitectónico. Hoy, cinco años después, sigue sin abrirse el susodicho Faro que incorpora un proyecto de promoción de la artesanía.

Tras aquellos hitos, se consolidan las iniciativas que se pusieron en marcha, pero quizás sea necesario mantener vivo el espíritu de aquel otoño y plantear otras nuevas propuestas para dotar al destino de un impulso permanente. Todo ello sin olvidar que en aquel momento tan trascendente, Maspalomas Costa Canaria no consiguió la colaboración necesaria de otras instituciones para que sumaran, y desde la perspectiva del tiempo creo que no lo entendieron, o no quisieron. Por el contrario, con los ecos de los aplausos todavía en el aire se produjo un enfrentamiento que trasladó del ámbito empresarial al institucional las pugnas existentes por el control del destino, que tanto han perjudicado a los intereses de la isla. Sin que olvidemos la alarmante pérdida del paisaje dunar que pocos quieren reconocer.

Han pasado 55 años desde aquel concurso y seguimos sin entender que Maspalomas Costa Canaria sigue siendo el principal activo y atractivo de Gran Canaria y el turismo.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Microalgas, barcos humeantes, ahogamientos y lo que venga...

Nueva estampa playera canaria a la que acostumbrarse.
Se acumulan a diario las noticias que deberían motivar la preocupación y una respuesta o declaración de las patronales turísticas de las islas, para reclamar las medidas necesarias que eviten la penosa imagen de destino de sol y playa con un litoral que aparece en los medios de comunicación extranjeros como un escenario de 'Walking dead'. Una apocalipsis zombi...

Por un lado, surgen sorpresiva y abundantemente las microalgas o cianobacterias que no son precisamente de espirulina con sus excelencias, sino que corren por las redes documentos que aseguran que revolcarse en esa nata no es nada aconsejable. Cerca de esa marea de tintes escatológicos hay un injustificable volumen de vertidos fecales al mar que en algunas islas y ciudades es tan escandaloso que ha motivado sanciones de la UE. O el cierre de playas como el Confital libre de construcciones pero vertedero de residuos urbanos.
Derrota del MV Chesire.
Más lejos todavía, pero acercándose a puerto, el barco 'MV Chesire' con su cargamento de 40.000 toneladas de fertilizantes que ha paseado por las aguas macaronésicas mientras dejaba su estela flatulenta de humo de sus reacciones químicas, una nube que advertía del riesgo de un desastre ecológico que mandaría la imagen de Canarias al paredón de lugares indesables por muchos años. Es curioso que el 20 de agosto, cuando la derrota de la corriente llevaba al buque hacia el suroeste de El Hierro, se enganchara un remolcador con el objetivo de conducirlo al puerto de La Luz. ¿No estaba más cerca otro puerto?

Por si fuera poco, casi cada día conocemos un nuevo caso de fallecido en las costas isleñas, por casuísticas muy dispares -que se deben señalar- pero en conjunto muestran una imagen alarmante de nuestro litoral que hemos de corregir. Y también convivir con esta realidad y la búsqueda de soluciones, porque vivimos rodeados de mar y por el mar. Una población de cerca de 850.000 grancanarios y más de 3 millones de turistas hacen mayoritariamente vida en torno al mar, y el riesgo está ahí, permanentemente, para casi todos.

Pero, siendo importantes todos estos temas -que podrían evitarse-, tenemos que advertir un elemento común que debe preocuparnos y es el papel de las administraciones en el origen, desarrollo, vía de solución y responsabilidad de la comunicación de estas amenazas o factores de crisis. Todo ello bajo una 'tormenta perfecta' que une todos los problemas para darle un carácter de huracán de nivel 7 sobre el turismo en las Islas de carácter devastador.

Están tardando los empresarios y los partidos políticos (las instituciones) en dar respuesta con fechas y cifras para solucionar los vertidos en todas las islas; evitar que el barco provoque un desastre mayor; acabar con las playas cerradas con su mancha de algas; y controlar el uso de las playas, principal objeto de la actividad turística.

En un sector tan competitivo, los vertidos fecales, buques peligros, ahogamientos, y las amenazas de huelgas, denuncias falsas, volcanes submarinos, temblores de tierras o la locura terrorista, son suficientes argumentos para que el sector turístico exija su participación en mesas de seguridad y la creación de un protocolo de situaciones de crisis porque, de haberlas, saldremos perdiendo todos.

martes, 29 de agosto de 2017

Turismo a gogó, el viaje como revolución social

Leon Blum, segundo por la izquierda.

El rechazo al turismo pone en el punto de mira la socialización del ocio que comenzó con la ley de vacaciones pagadas implantada por el gobierno del Frente Popular francés, presidido por Leon Blum (1936). En su momento, la iniciativa fue revolucionaria y tendría largo recorrido, al provocar el proceso de transformación de la sociedad industrial (o agrícola, como en Canarias) a la sociedad de servicios. ¡Y tanto que lo ha conseguido!

El parón turístico provocado por la II Guerra Mundial fue traumático, pero también dejó allanado un aspecto fundamental para el desarrollo turístico: transporte de mayor capacidad, más rápido y con la conectividad propagándose por todos los rincones del planeta, sin discriminar entre ideologías o modelos económicos, ya que se produce en el ámbito de los países capitalistas y también inspiró actividades y lugares que pusieron de moda los países de ideología comunista, aunque muchos de esos iconos del turismo colectivista quedaron abandonados con la caída del 'telón de acero' y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética.
Buzludzha, icono búlgaro del turismo comunista, hoy en ruinas
El proceso era imparable: cada vez había más gente con dinero -aunque fuese poco-, y un tiempo regulado para gastarlo en cada vez más destinos posibles. Y, encima, los precios bajaban para llegar cada vez a más personas. Viajar dejó de ser para las élites... (por un tiempo).

En esta situación se vuelcan todas las fuerzas económicas. Incluso en regímenes como el comunista se establecieron períodos de vacaciones y crearon lugares para estancias de ocio o visita obligada (mausoleo de Lenin, plaza Roja o el acorazado Potenkim), con una importante carga ideológica o simbólica, más que de ocio o negocio, como sucediera también en las residencias o albergues sociales de la dictadura franquista, con su carga de adoctrinamiento político y religioso, o las colonias fascistas creadas por Mussolini.
Colonia italiana en Cattolica, Mar Adriático.
Pero, ideologías al margen, durante las últimas seis décadas el turismo ha impulsado el transporte a velocidad de vértigo incrementando las plazas ofertadas y los destinos, lo que ha hecho del turismo un apetecible negocio, el sector que menos ha sufrido el embate de la crisis de la última década y el que primero ha comenzado a crecer. Por ello, han transformado los aeropuertos en grandes centros comerciales y alguno de ellos se ha visto favorecido por decisiones que interesaban más a sus negocios que a los viajeros y compañías aéreas obligados a realizar escalas en terminales como Barajas cuando podrían realizarse vuelos directos.

Zona turística de Niza.
Con los años el fenómeno ha tomado otro cariz. Aquellos pioneros del turismo popular y que eran recibidos como personas exóticas con otras lenguas, razas, religiones, monedas y otra realidad política, fueron transformándose en una masa cambiante y creciente. Las ciudades, antes plácidas e integradoras de este visitante, se llenan de mareas y/o tsunamis multiétnicos que desplazan o ahuyentan al nativo de los centros históricos. La demanda desborda a la oferta y chantajea por el secuestro del espacio: “Si subes los precios me llevo a los turistas a otro/a lugar y ahí te quedas con el vacío".

Más allá de esas disfunciones e intereses económicos en torno al turismo, ésta actividad se ha manifestado como una revolución social permanente y cada vez más poderosa, a la vez que impactante. A todos los turistas les mueve la búsqueda de experiencias que le alejen de la monotonía con unas expectativas que pretenden alcanzar más allá de lo planificado, cuando en realidad es una actividad que se 'normaliza' y ya se reducen las 'sorpresas' durante el 'viaje' y se circunscriben al posible retraso del vuelo, pérdida de maletas, el establecimiento menos agradable que lo ofertado/imaginado, algún contratiempo, mal tiempo, alguna experiencia desagradable con las compañías efímeras o el servicio, o que uno no tiene el cuerpo para que sea feliz. Situaciones no placenteras pero tampoco sufridas por la mayoría de los casi 1300 millones de turistas que se desplazaron por el mundo en 2016: 39 turistas que cada segundo parten en el planeta hacia su ilusión.

Pero ese es el resultado de décadas de consolidación del turismo como fenómeno de masas, llamémosle turismo pop o popular. ¡Y tan popular! como que representa más del 10% del PIB y del empleo en el mundo, el 7% del comercio internacional y el 30% de las exportaciones de servicios, según la Organización Mundial del Turismo. Y si nos fijáramos en lugares como las Islas Canarias, las cifras son para tener mucho cuidado cuando se habla del principal sector de actividad económica con diferencia respecto al resto de sectores.
Fraga, ministro de Información y Turismo, junto a Franco.
Volviendo a sus orígenes, los del turismo popular, podríamos llamarlo turismo a go-gó. Y no acuño nada nuevo, ya lo advertía en 1974 Mario Gaviria en su obra "España a Go-Go. Turismo charter y neocolonoalismo del espacio" un anticipo a lo que sería la 'bola de nieve' iniciada en la etapa Fraga al frente del Ministerio de Información y Turismo, que ha seguido creciendo y ahora convive el negocio del charter (ya tradicional) con el transporte low cost y otras fórmulas de viaje. Y todas conducen al mismo sitio o sitios, en particular los destinos de sol y playa -mayoritarios para el turismo europeo-, de grandes ciudades o ciudades monumentales.

Y sí. Se pensó en planificar el boom turístico con la idea (delirante) de crear cientos de miles de camas como si no fueran a tener ningún efecto negativo, ofreciendo todas las bendiciones, pero no pensando en si era realmente posible o necesario, sino porque había que poner en el mercado un suelo improductivo potencialmente rentable para que España atrajera divisas -que no fueron tantas, pero necesarias- para salvar e impulsar la economía de un país empobrecido por la guerra y el aislamiento posterior.
Chicas gogó. Una moda nacida de la sociedad de ocio.
El problema es que no hemos aprendido las lecciones y seguimos pensando y actuando igual. Aquí no ha pasado nada (hasta ahora) y con dinero público seguimos empeñados en atraer más turistas de los que ya caben y así poder 'vender' el éxito de un crecimiento ilimitado que puede estallar/pinchar en cualquier momento sin reflexionar si vamos hacia un callejón sin salida. Un claro ejemplo, que obligaría a replantearse las tesis al propio Luis Bassat ('El libro rojo de las marcas'. 1999), es el de Barcelona, donde el fenómeno de la turismofobia es más relevante.

El territorio se va agotando y los riesgos no son afrontados, mientras se empeoran por Decreto (en contra del criterio de muchos empresarios turísticos) las condiciones laborales de los empleados del sector como el caso de las limpiadoras de piso (Kellys), y crece el rechazo social en determinados destinos que ven desbordados para 'morir de éxito'. Un éxito que puede poner en riesgo la economía del lugar o el logro social que supuso en su momento la política social del turismo como un derecho de los trabajadores, de las masas populares que, ahora, son más sentidas como un problema que como una fuente de riqueza. Salvo en los destinos 'exclusivos' que suponen la vuelta al modelo de élites con un poder adquisitivo al alcance de muy pocos.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Un gran paso para Maspalomas (1969-2019)

Foto satélite de  instalaciones de la NASA en Maspalomas.
El 20 de julio de 2019 se conmemora el 50 aniversario de la llegada del hombre a la luna. Se trata, sin duda, de uno de los acontecimientos más importantes desde el descubrimiento de América por Cristóbal Colón en el que, nuevamente, tuvo un papel protagonista la isla de Gran Canaria y Maspalomas. Quienes me conocen saben que suelo aprovechar estos acontecimientos para intentar hacer pedagogía acerca del viaje y del turismo, pero no sólo para explicar o denunciar, sino también para darle la relevancia que se merecen. Aquí les muestro mi propuesta a la espera de que alguien recoja el guante y no deje pasar más el tiempo para poder hacer bien las cosas y, por supuesto, que no dejen pasar esta ocasión única para la marca Gran Canaria como plataforma del turismo y el viaje.



Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins realizaron la proeza y dejaron para la Historia la frase “Un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la Humanidad”, palabras que fueron recogidas en directo y distribuidas por la estación espacial que la NASA tenía en Maspalomas, gracias a la cesión gratuita de los terrenos por parte de la familia Condal como centro de comunicación fundamental en el programa espacial norteamericano en plena 'guerra fría'. Los tres astronautas acudieron poco después a Gran Canaria para agradecer la colaboración de los profesionales y la sociedad de Gran Canaria para hacer posible que se comunicaran con el mundo, al contar con sólo tres estaciones en el planeta para mantener el contacto con la nave: Cabo Cañaveral (USA), Perth (Australia) y Maspalomas (España).

Astronautas y esposas en el Hotel Oasis
Este acontecimiento, sin embargo, ha sido poco reconocido y corre el peligro de que pasen las fechas y perdamos una gran ocasión para dar a conocer el papel de nuestra isla en los momentos claves de la historia de la humanidad. Por ello, desde hace cuatro años he intentado recabar los apoyos para realizar una serie de actividades que pongan en valor el papel histórico que jugó Maspalomas en la aventura espacial (programas Mercury, Gemini y Apollo) y en particular en la llegada del hombre a la luna. Hechos históricos en los que la participación de la Estación Espacial de Maspalomas es fundamental, aunque en otras ciudades, islas y territorios se abran museos del espacio o el cosmos, mientras aquí han desaparecido o están arrinconadas las instalaciones que hicieron posible la conexión por radio con la luna. Un hecho sin precedentes, poco entendible en este mundo de smartphones e internet.
Los astronautas tras recibir el 'Can de Plata'
Para ello, he propuesto -todavía sin éxito- realizar diferentes tareas de recopilación de todos los objetos y materiales que recuerdan este hito histórico.
  • Recuperación de la antena (todavía existe, aunque sin uso) que recibió el mensaje para instalarla como monumento en algún enclave singular de Maspalomas.
  • Elaboración a tamaño real de un módulo espacial que podría formar con la antena un conjunto monumental de referencia para los visitantes.
  • Localización de todos los equipos de la época, las fotografías y grabaciones de película que se realizaron en aquellos momentos en la estación y, en especial, con motivo de la visita de los astronautas para una exposición y, quién sabe, un posible museo o centro de interpretación.
  • Realización de un manual para docentes con la información sobre el acontecimiento para distribuir en centros educativos.
  • Celebración de jornadas con personal del INTA, el IAC y la ACIISI para divulgar el conocimiento de la actividad científica que nos vincula desde hace más de medio siglo con el espacio.
  • Invitar a la NASA a participar de esta conmemoración y solicitarle uno de los trajes (o réplica) de los astronautas que protagonizaron la gesta para, con el resto de objetos y materiales recopilados, crear una exposición y si fuera suficiente un museo o centro de interpretación.
Paseo ante el Centro Helioterápico.
Para el 50 aniversario he propuesto además...
  • Creación de un Comité Organizador: INTA, Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, Cabildo Insular de Gran Canaria, ACIISI, IAC, Familia Condal y expertos a designar.
  • Creación de un Comité de Honor con la representación institucional del Estado e invitar al director de la NASA.
  • Preparar los actos de la jornada conmemorativa.
  • Preparación de la plaza, rotonda singular o espacio público donde se colocará la antena y la reproducción del módulo lunar conmemorativo
  • Exposición, web y libro sobre el acontecimiento, los personajes, recursos y actividad desarrollada en la Estación de Maspalomas.
Y para su máxima divulgación, la convocatoria de concursos administrativos para celebración de los eventos y concursos:
  • Documental
  • Semana de la ciencia y el espacio
  • Cómic
  • Concurso de dibujos y redacción
  • Folletos o libros
  • Composición musical La luna sobre Maspalomas.

lunes, 21 de agosto de 2017

La hipocresía apunta al turismo

'El grito' de Munch graciosero.
"La Graciosa. Turismo masivo en 29 km" reza el titular de una cadena de televisión sobre lo vivido este mes de agosto en la isla chinija. ¿Es el turismo el culpable de la masificación? Pues, como todo: si y no. Y menos hoy día, cuando puedes encontrarte con que al mismo tiempo no cabe un alfiler en el fútbol, los comercios, el campo o la playa. Todo está abarrotado, y no de turistas precisamente. Porque ir a pasar el día a la Playa Amarilla o Las Conchas es una opción al alcance de muchos. Más gente habrá, seguro, en Melenara o en Guguy, y nadie culpa al turismo de esas movilizaciones que se desplazan de un lugar a otro para entretenerse con cualquier cosa, incluso con la llegada a la playa de chuchos, mantas y rayas a desovar, con las molestias que producen cientos de personas en la orilla intentando grabarlas con sus móviles. Pero, insisto, eso no es turismo. La OMT lo dice bien claro: «actividades que realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos a su entorno habitual por un período de tiempo consecutivo inferior a un año, con fines de ocio, negocios u otros». Y, si no hay pernoctación, se trataría de excursionistas. Habrá que ver quién dice a los conejeros que no vayan de excursión a La Graciosa o a los majoreros a pasar el día en Lobos.

Sin embargo, hay quienes se frustran porque se creen con el derecho a ser los únicos habitantes de la tierra y a disfrutar en exclusiva de los recursos del planeta. Los mismos que han encontrado un cómodo chivo expiatorio de todos los males: el turismo, al que culpamos incluso de nuestros fracasos como sociedad individualista acaparadora de los espacios que compartimos y que reflejan la falta de educación, exceso de vulgaridad y el egoismo como norma. Y así nos va. Cuando nos encontramos con que La Graciosa recibe a diario al triple de personas que los que residen en la isla. O que Lobos se llena de paseantes que -contradictoriamente-buscan la soledad. Nos contraría, aunque esas masas no sean extranjeros (ni propiamente turistas) sino visitantes isleños en su mayoría, señalados despectivamente como 'turistas' o peor dicho: 'turismo de masas', la nueva plaga…

Y es que le colgamos el sambenito de 'turismo de masas' a lo que en realidad era 'turismo popular', el turismo de los trabajadores que habían logrado desde 1936 (en Francia) la aprobación de sus periodos de vacaciones pagadas. A partir de ahí, con un lenguaje clasista, se les menospreciaba a pesar de que suponía un cambio cualitativo respecto al antecedente: el mochilero. Un cambio que obligaba a contar con nuevas infraestructuras para un número creciente de viajeros: hoteles, apartamentos, aeropuertos... E, incluso, templos para el culto de otras religiones. De hecho, el turismo propició el ecumenismo y la socialización del ocio y los servicios. Curioso que ahora se pretenda restringir la actividad turística a unos pocos privilegiados y que el conjunto de la sociedad viva a cuenta del turismo.

Pero bueno, dicho esto, han transcurrido varias décadas desde la irrupción del turismo popular o charter y nos encontramos con brotes de la llamada turismofobia que se manifiesta como rechazo a la llegada masiva de personas que transforman la ciudad en un lugar incómodo para vivir, más caro y, en ocasiones, insoportable con borrachos ruidosos y embrutecidos. Pero no tienen por qué ser turistas, que también puede haberlos. En realidad, es una amalgama de visitantes y vecinos, o en ocasiones verdaderas hordas de maleducados, guarros y egoistas.

'Bioagaete' masivo.
En realidad, la mayoría de los turistas vienen a encerrarse en sus guetos de seguridad, hamaca (si la consiguen), piscina y comida. Y más si acuden a establecimientos de todo incluido. Por el contrario, los lugares masificados en las islas muestran otro perfil de gentes que hacen ostentación de su condición de colectividad abierta con algún turista espontáneo, para la diversión o el espectáculo, de forma cívica y gratificante, o todo lo contrario, aunque para mostrar la falta de educación y respeto no hace falta una muchedumbre. Hay quien mancha un santuario aborigen con un corazón y su nombre, o pinta el grafitti estúpido en el roque del Fraile, garabatos que invaden los rincones de la isla. Tampoco hace falta la masa para tirar la basura al suelo junto a una papelera llena en vez de llevarla hasta otra papelera o contenedor, pero la pulcritud supone esfuerzo y cooperación palabras devaluadas en cerebros vacíos o cargados de egoismo, que no es sinónimo de turismo.

La hospitalidad, cortesía, civismo son los principios de la actividad turística, pero hoy día son palabras desvirtuadas en una sociedad en la que se extiende la creencia de que todos los derechos son de uno y los deberes del otro. La playa, el campo, la acera, todo es de cada uno, exclusivo, y hasta la masificación de la que todos participamos es culpa de los otros. Cuando nosotros somos parte de esos 'otros'.

De ahí que muchísima gente culpe de los excesos al turismo y no reconocen la incultura, idiotez, falta de educación, sobrepoblación y un larguísimo etcétera. Incluso los vertidos fecales al litoral parece que son solamente producidos por los turistas (vendrán con bandera, supongo), como si no tuviéramos la obligación de depurar las -nuestras- aguas residuales que se mezclan en el mar con buques incendiados con mercancías peligrosas, que no son precisamente cruceros turísticos, pero nadie ha inventado la palabra puertofobia.

Es cierto que se producen encontronazos o situaciones delicadas por la llegada de un perfil de turistas indeseable, aunque no mucho peor que algunos personajes de las hinchadas futboleras o de destinos que apuestan por el low cost y las borracheras sin fin. Y también es cierto que hay destinos que han exiliado al residente por el floreciente negocio de alquiler de alojamientos, como en el caso veneciano pero ¿estaríamos dispuestos a dejar de visitar esos lugares y dejar de ser parte del problema?