viernes, 2 de septiembre de 2011

Misioneros del tiempo libre

Los vemos con un paraguas, agitándolo sobre las cabezas de masas de gente que se agolpa en las zonas monumentales turísticas. También pueden llevar un sombrero, un pañuelo o tocado, mientras reiteran el mismo discurso sobre el estilo, el autor, las curiosidades y, también, los cotilleos de época en una especie de ‘Aquí hay tomate’ retroactivo. Unos personajes que intentan controlar el tiempo, los lugares y -cómo no- dónde gastar las pocas monedas que lleva el turista para gastar en un viaje en el que el turoperador ya ha cobrado por todo el 'paquete'.




Pues si, son los guías turísticos, personajes singulares donde los haya y que han tenido una evolución desde sus orígenes cuasi místicos (‘misioneros del tiempo libre’) hasta su profesionalización y formación reglada, si acaso se puede reglar esta singular gestión de lo intangible (el conocimiento del medio o destino)  sobre la mercancía (el viajero) a la vez que sirve de mediador de conflictos entre el turista y los operadores (alojamiento, restaurante, comercio, compañía aérea…) que controla el turoperador.

Una de las referencias más interesantes y completas sobre los orígenes del guía turístico es la que ofrece la obra ‘España a go-go. Turismo charter y neocolonialismo del espacio’ de Mario Gaviria, en la que nos hace una descripción (principios de los años setenta del pasado siglo) sobre los diferentes perfiles de personas que actuaron como pioneros de guías turísticos, un grupo heterogéneo de edades, sexo, formación y procedencias que clasificó como:
  • Amigos de la vida en países cálidos con la posibilidad de pequeñas aventuras.
  • Líderes frustrados.
  • Personas muy necesitadas de respeto y de contactos personales.
  • Personas (y estas son la mayoría) que pueden obtener en España sueldo que con su preparación y por la ausencia de títulos superiores no podrían obtener en su país de origen.
  • Personas movidas por un espíritu muy parecido a los de los boys-scouts.
  • Personas con un espíritu de misionero del tiempo libre.
El libro referido se atreve a realizar una definición más concreta del guía, como un “profesional de la manipulación psicológica y económica. Al servicio del turoperador, hace que el turista que ha venido a través de éste crea que todo está bien, a pesar, asimismo, de los fallos evidentes que se produzcan en la organización. Hace y consigue también que el turista compre el mayor número de excursiones que él vende y vuelva a viajar al año siguiente con el mismo turoperador”.

Evidentemente, en aquellos años, eran “raros los guías que logran permanecer ocho o diez años en la profesión, ya que se dedican a un trabajo muy duro que acaba afectándoles en su propia psicología, en forma de escepticismo hacia el género humano y de desconfianza respecto a la trascendencia de las relaciones entre los hombres”.

Y es que, como señalaba una guía entrevistada por el equipo redactor de este estudio: “El mundo del turismo es un mundo sin nada. Es un mundo vacío… No es un mundo, es un modo de vida… No hay que tener profesión… Hay que tener cualidades, todas y ninguna…”

Antes de esta obra, en 1959, se realizó una extraordinaria película ‘Los tramposos’ con un guión inteligente, cómico hasta la genialidad y una interpretación extraordinaria de los actores. El guión nos muestra una forma de entender el turismo de aquella época de subdesarrollo y miseria: los protagonistas – unos pícaros estafadores- deciden montar una empresa turística propia  para hacer viajes guiados por Madrid. Para ello, alquilan un autobús a un chófer, aprovechando el rato libre que le deja el trabajo. Cuando ya tienen reunido a un grupo de turistas, se presenta el chófer para comunicarles que necesita el autobús para un entierro. Improvisando, llevan a todos los visitantes al entierro como parte del recorrido turístico. Más tarde los llevan a una taberna a degustar (en grandes cantidades) vino español. A pesar de no haber realizado nada del itinerario previsto, los turistas quedan encantados y el negocio resulta ser un éxito.

Mucho han cambiado las cosas. Hoy día el guía turístico tiene que tener titulación oficial y es un profesional formado para ese mundo vacío que es el turismo. Gracias a que ha imperado la cordura, los guías ya reciben la acreditación tras finalizar los estudios, una credencial que (y esto no sé si fue una leyenda urbana o una pesadilla) hasta hace poco no recibían si no hacían un número de horas determinadas de ejercicio de la profesión, horas que no podían realizar porque no disponían de la acreditación… La pescadilla que se muerde la cola.

De hecho, turistas misioneros o vocacionales de aquellos tiempos quedan pocos pero muy militantes, a pesar del escepticismo acumulado durante décadas de decadencia y pérdida de referentes (en el caso de Canarias: paisaje, paisaje y paisaje, como dijera el amigo y excepcional ejemplar de guía turístico, Isidro Ramos).

Y el futuro... Todavía hay mucho turista analógico que necesita de guía para moverse y para que le ordenen el viaje, pero la irrupción de la transparencia a través de Internet, junto al low-cost en vuelos y ofertas en alojamientos y otros servicios transforman radicalmente el perfil del turista y los modos de obtención de lo que busca el viajero. De hecho, cada vez son más los destinos que cuentan con audioguías o guías en vídeo de descarga que, aunque muy interesantes, no dejan de ser  un rollo. En muchos casos, porque los políticos han recibido la oferta de las universidades para realizar dichos trabajos y no todo lo que sale de la Universidad vale para el mundo real (que, por cierto, tampoco tiene mucho que ver con la política).

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